Participar como revisor en un sistema de revisión por pares resulta una experiencia algo incómoda pero estimulante. Generalmente, se trata de evaluar textos similares al propio donde se comparten intención, tono y grado de conocimiento con el que uno afronta la materia. Este último episodio de revisión me obligó a tomar distancia y asumir un papel de juez que no es del todo natural cuando uno se reconoce en el objeto evaluado, tratando de evaluar temas banales y sarcásticos. Esa cercanía genera cierta inseguridad inicial, pero también ayuda a afinar el criterio y a ser más consciente de las decisiones formales que damos por sentadas al escribir. Revisar otros trabajos me ha llevado a replantearme ciertos aspectos del mío. No tanto en cuanto a la idea central o el enfoque, sino en la claridad con la que se explicita el contexto del ejercicio y sus reglas implícitas. Ver cómo otros autores resolvían ese equilibrio entre forma académica y juego conceptual ha sido especialmente útil, ...